Mi padre me contó que ese día se levantó con una sensación diferente, era un día especial.
Esa tarde había partido, el partido. Toda la temporada habían estado disputándose el primer puesto con el Algirós, equipo de un barrio próximo al suyo, y con el que había una vieja rivalidad. De hecho mi padre llego a jugar en ese equipo.
Esa mañana se jugaban la liga contra ellos.
El equipo de mi padre era el Racing Leonés, un equipo modesto del barrio Amistad en el que eran todos amigos de toda la vida, incluso tres de mis tíos juagaban también en él.
Yo era muy pequeño pero recuerdo que todos los sábados por la noche nos juntábamos en un bar del barrio, el Bar Granada, regentado por una mujer que no paraba de reñirnos a mí y a mis primos por estar trasteando por el bar.
El Racing Leones jugaba los partidos como local en un campo que había en la Fuente de San Luis, algo lejos del barrio pero era el más cercano en que se podía jugar. En esos años la Fuente San Luis era más un pequeño pueblo que el barrio que conocemos hoy en día.
En la foto previa al partido, unos reían para disimular la tensión del partido y a otros les era imposible disimular.
Y entonces llegó el momento, el balón echó a rodar…

Fotografía de autor desconocido

Texto de Jesús García

Una foto a tiempo
Cuando fueron los mejores