Me acuerdo perfectamente. Ese día acompañamos al abuelo a la barbería de la plaza. Nosotras
éramos las únicas mujeres del local, y nos sentamos en el banco a ver el trabajo de la navaja. La
concentración del barbero iba acompañada de un silencio sepulcral que el abuelo rompió con su
chiste verde favorito. Nos reímos todos tanto, tanto, tanto, que me hice pis encima y tuvimos que
marchar corriendo. La verdad es que me reía por contagio, porque tuve que crecer para entenderlo.

Texto: Lucía García

Fotografía: autor desconocido

Día de San Roque
De paseo con mis niñas