Aquel domingo no fui a misa, estaba harta de don Hilario y de sus sermones. Siempre echándonos en cara nuestros pecados. No sabía en qué lugar de la Biblia hablaban del largo de mi falda o del número de veces que podía ir al baile. Aunque a mi madre parecía que la tenía convencida de cual era el camino por el que nos tenían que guiar. Casarnos y formar una familia. Eran años de aprendizaje que habían dado su fruto y no digamos a mi abuela; qué vida más triste.
Yo sin embargo estaba convencida de que había un mundo distinto ahí fuera, cuando veía la tele y sobre todo las películas, soñaba despierta pensando en hacer viajes extraordinarios y en aprender idiomas diferentes. Y por supuesto las personas que me encontrase por el camino no me iban a medir la falda, o quizá sí, pero ya me encargaría de mandarlas a paseo, cosa que con don Hilario no podía hacer.
No, aquel domingo me las arreglé para escaparme con mis amigas a las afueras del pueblo, libres de las miradas de mi vecino Antonio o de Juana la de la tienda. Sólo el hecho de estar allí juntas sin que nadie supiese de nuestro paradero ya nos hacía felices, libres, a carcajada limpia por cada tontería que se le ocurriese a cada una de nosotras. Contando planes de futuro. María, que era la más reservada, allí cambiaba por completo y nos hacía cómplices de sus ideas políticas y de sus planes para llegar a ser ministra, nada menos… a carcajada limpia. Inés, que era la más coqueta, decía que ni hablar, que ella no quería complicarse la vida, sería peluquera… pero de cine, por supuesto… más carcajadas. Julia quería ir a Francia y ser artista para volver luego y hacernos un retrato a cada una; más risas. Marga soñaba con estudiar medicina y poder viajar a los países más necesitados para poder ayudar sobre todo a las niñas y a los niños, tenía un corazón inmenso… y así íbamos pasando el tiempo.
Cuando me llegó el turno les conté que quería ser directora de cine, me apasionaban las imágenes que veíamos en las sesiones de tarde. Llegaría a ser muy famosa y ganaría hasta un Óscar, eso seguro. Volvería cada verano al pueblo para que no se me subiesen demasiado los humos… entonces se oyó la carcajada más grande. Mariola dijo: anda saca ya la foto y que parezca que no nos damos cuenta. Así lo hice pero dejé un pedacito de mí en la sombra.

Foto: Autor desconocido

Texto: Isabel Garrido Mezquita, alumna de los talleres  de escritura de Rodalia.net en Benicassim

Economía familiar en los años 60
La primera foto